Los hijos del hierro.


En las anhelantes locomotoras, iluminados por el resplandor de las calderas, entre humo, rugidos, pedazos de hierro y carbón, pasan los maquinistas y los fogoneros como viejos lobos de tierra. Engrasados musculosos como ejes o motores, llevan restos de humo sobre la frente, y sobre la piel las huellas puras que el trabajo deja con sus cascos de caballo poderoso. 

Parecen mineral incendiado, recorriendo la España leal de punta a punta heroicos y veloces bajo los bombardeos enemigos. Sus músculos trepidan como las máquinas, y como a las máquinas no les importa rodar sin descanso a través de estos días en que la libertad de España depende del esfuerzo de cada español.

-Miguel Hernández-

¡Vamos a quemarlo todo!

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