Justo en la costilla izquierda.
Un viaje rápido en carretera.
Banderas de la república, un descubrimiento
y un cine parroquial.
Un pequeño pueblo al que jamás pensé volver.
Ganas de marchar, chupitos en Google
y la sensación de que será un día más.
Solo soy una ilusa que parece que aún no sabe
que la vida -en su proveer-
manda señales luminosas que te hacen despertar.
Señales que zarandean tu mundo cuando está aletargado.
Un letargo hecho trizas por un amor que llegó en forma de tarta de Lotus.
Boquita pequeña, cara de concentración
y nariz ornamentada.
El tiempo se para. La gente desaparece. La vista se me nubla.
Mierda… ¿Y este pinchazo?
Una mirada hacia el lateral y la sangre me gotea.
Ahora entiendo.
Cupido, cabrón: justo en la costilla izquierda.
El aire se entrecorta
y se me dibuja una sonrisa juguetona.
Mi corazón se acelera.
Mis pensamientos se acentúan.
Deseo saberlo todo de él
y solo tengo unas catrinas mexicanas.
¿Cómo? ¿Quién? ¿Por qué?
Mil preguntas que derrumban las paredes.
Tengo que, debo de, siento que.
Comienza el juego: Soy una niña en un patio de colegio.
La diversión está asegurada pero solo yo conozco las reglas.
Pasa a mi lado: un escalofrío.
Enfrente mía: busco su mirada.
Se acerca: quiero oír su voz.
Mil casillas de números hechos con tiza
para llegar hasta él.
La idealización de un momento.
Un nombre. Una búsqueda. Un acento marcado.
Nervios, la ciudad, un café y mil razones
para querer que seas tú.
Una cena tardía y la distancia de seguridad
que sé que no podré mantener.
Una propuesta denegada sin éxito.
Soy débil, lo sé.
No es mi culpa.
Jamás pude tener la misma fortaleza
con una flecha clavada en mis costillas.
Su lecho nos da mil intentos de frustración no consumada.
Y aún así quiero seguir porque
el mundo desaparece cuando me habla.
Su cama es un bosque:
Eros le ha hechizado y me busca como Apolo a Dafne.
Me toca, me acaricia y
me envuelve para convertirme en ninfa.
Pero, cariño, yo era una ninfa libre hasta
que me tocaron tus labios.
Me convertiré en ninfa pero no para preservar
mi libertad, sino para dártela.
Porque tus manos me enraizan,
tu respiración me ramifica
y tu calor me convierte.
No quiero dormirme.
Solo quiero seguir siendo consciente
de cómo tu piel se adhiere a la mía
y tu respiración golpea mis oídos.
El miedo me corroe y me invade hasta que veo en tus ojos la admiración por tus raíces.
La ternura, la sensibilidad,
la comprensión de un día triste.
Perdóname, pero no fue mi culpa.
Yo ajustaré cuentas con Cupido, tú ajústalas con Eros.
Cinco siglas de juego, complicidad y alegría.
Hacer arte encima de un plato o delante de una cámara.
Los detalles que siempre busqué
y el cuidado que siempre quise.
La sensación de tenerlo todo concentrado
en una persona. Buscar explicaciones de por qué
has llegado en este momento.
Porque tú eres lo que siempre quise,
pero llegaste al golpito,
pues ya di mil vueltas al mundo
pero no pude ver
nada que se parezca a ti.


Comentarios
Publicar un comentario