¿POR QUÉ TE GUSTAN TANTO LAS CALAVERAS?


Preguntan y preguntan sin cesar, las numerosas personas que visitan mi casa y se ven abrumadas entre tanto cuadro y decoración envuelta en cráneos.

Y es que, es fácil de explicar, simplemente; estoy obsesionada con la muerte.

Perplejos y ojipláticos me miran mis huéspedes al escuchar esto, ¡como si necesitase un psiquiatra a domicilio y quisieran empezar a marcar el número cuanto antes!.

Pero, el verdadero quid de la cuestión, es que no es una obsesión terrible que me hace agonizar cada minuto que paso en este mundo, es una ligera obsesión por indagar en el tema más desconocido en el que se ha adentrado jamás el ser humano. Cualquier tema que refleje que de una manera u otra, dejaremos de existir, me perturba desde que soy una enana.

Muchos tienen en cuenta el carpe diem, pero sin ser conscientes de que esta frase, es en realidad una consecuencia del memento mori (recuerda que tienes que morir) y es por eso, que debes aprovechar tu tiempo.

Cuando empecé con esta obsesión, me dispuse a recopilar información y encontré la presencia de la muerte en muchos ámbitos de la literatura universal y del arte. Era el tema principal de nuestros principales dramaturgos, como Antonio Machado o Adolfo Bécquer.

De hecho, éste último (que también se permitió el arte de la pintura, como su padre) realizó una serie de obras pictóricas con la temática de la muerte, llamadas “Les morts pour rire”. Estas obras sirven para ejemplificar el lado más infravalorado de la muerte, la risa y la infantilidad que suscitan estas pinturas, convierten a la muerte en algo juguetón y vivaracho. Además, uno de los poemas que más admiro de él, la rima LXVI expresa el miedo del poeta a quedar renegado en el olvido.




“¿De dónde vengo?...
El más horrible y áspero
De los senderos busca;
Las huellas de unos pies ensangrentados
Sobre la roca dura;
Los despojos de un alma hecha jirones
En las zarzas agudas,
Te dirán el camino
Que conduce a mi cuna.

¿A dónde voy?
El más sombrío y triste
De los páramos cruza,
Valle de eternas nieves y de eternas
Melancólicas brumas;
En donde esté una piedra solitaria
Sin inscripción alguna,
Donde habite el olvido,
Allí estará mi tumba.”

Antonio Machado escribía también sobre la muerte, parafraseando a Epicuro “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos. La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés".

Numerosos artistas, no solo dramaturgos y poetas, intentaban personificar la muerte y descubrir su significado.

Dalí, por ejemplo, realizó una colaboración con el fotógrafo Phillipe Halsman (1951) llamada “In Voluptas Morts”. Que consistía en un retrato surrealista de una calavera compuesta por los cuerpos desnudos de siete mujeres.

Salvador Dalí - In Voluptas Morts

Van Gogh, también recreó a su forma, sus idas y venidas existenciales, y su continua cercanía a la muerte, el cuadro habla por sí solo:


La muerte fumando - Vincent Van Gogh

En España, tendemos a relacionarla con el martirio, mientras que en otros países como México y Japón, la veneran en cierto modo. En México, se celebra el famoso “día de los muertos” y todo se llena de flores para los difuntos, un día lleno de tonalidades exuberantes y buen olor, entre  tanto sentimiento ¡¿qué mejor manera de honrar que esta?! ¿qué mejor manera de recordar a los que murieron y agradecer a los que viven?.

La muerte bailando - José Guadalupe

A los japoneses les invade la nostalgia, y por eso celebran la fugacidad del tiempo con el Hanami, la fiesta de los cerezos en flor. Para ellos, es una muestra de gratitud reunirse con los suyos y celebrar el paso del tiempo, por eso, esta festividad les genera sensaciones ciertamente agridulces.

Fotografía de la celebración del Hanami
¿Cómo no va a gustarme algo de lo que estoy hecha? Realmente, una calavera me representa a mi, es lo que soy y es lo que quedará de mí aún post mortem.

El Tánatos es algo que nunca debemos olvidar, un descanso apacible, un letargo eterno. Como decía Caitlin Moran en su libro Cómo ser mujer; "El coste real de vivir es morir, y nosotros gastamos los días como si fuéramos millonarios: una semana aquí, un mes allí, alegremente desperdiciados hasta que solo nos quedan dos monedas en los ojos. La muerte no es una liberación, sino un incentivo. Cuanto más centrado estás en tu muerte, mejor vives la vida. Solo cuando la mayoría de los habitantes de este planeta estén convencidos de que se están muriendo, cada minuto que pasa, empezaremos a comportaros como seres conscientes, racionales y compasivos." 

Nos hemos empeñado en recrearlo como algo vil y voraz que nos consume de forma tétrica y oscura. Y la oscuridad, es necesaria, nos da la calma después de tanto brío matutino y tanta luminosidad incandescente. 

Si la muerte resulta ser así, entonces yo soy oscura. Porque al mismo tiempo que mis experiencias cercanas a la muerte son muy escasas y lejanas, es algo que intento concebir como positivo (siempre y cuando sea de forma natural. 

Es porque amo la vida que me abruma la muerte, 
es porque estar vivo es tan increíblemente excitante y casual 
que no he podido encontrar, otra maldita explicación mejor que esa.

ShZ.

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