La sangre es una mendiga. (Séneca)


Hoy he estado en una meditación, una de esas que necesitaba desde hace ya, pero que mayoritariamente no me puedo permitir, por falta de tiempo. Pero hoy sí. Además esta era muy especial, porque era una meditación con fuego, por eso me ha proporcionado la calidez que yo necesitaba. Me quedo con un momento de ella mirando fijamente al fuego, además de que se me cruzaban miles de pensamientos dedicándole una poesía (y no pretendo que sea buena, solo es lo que he sentido) por su belleza, me parecía hipnótico, y sorprendentemente cuando a empezado a apagarse es cuando más ha llamado mi atención. He sentido una profunda pena por ver como el fuego se apaga lentamente y cómo éste luchaba sin cesar porque mis ojos pudieran seguir disfrutándole, ha sido cautivador ver esa lucha entre algo inexplicable, algo que le estaba arrebatando al fuego la capacidad de existir, y tras una dura y ardua batalla, el fuego cesó. Y desapareció.

"Que qué bonito es el fuego, oye;
y que bonita su lucha por el no querer, por querer ser.
Su rebeldía, su afán de seguir, su incesante ahínco por no cesar.
Por no ser.
Qué rebelde.
Que qué rebelde es el fuego, oye;
y qué bonita su rebeldía...
Qué rebelde que no tiene sonido
y sin embargo yo parezco quedarme sorda.
Que se me ensombrecen los tímpanos y me convierto en animal.
Que me bato con él en duelo de miradas, pero suspiro, me vuelvo y me gana.
Su duelo excita hasta los verdosos ojos de cualquier mutante.
Su duelo lleva alas, y en su nombre, se refleja la hipnosis.
El calor se hace rama, dulce rama que yo siembro.
Fuera la mujer de hielo, fuera la mujer escorpio.
Me mira, y fatuo aviva su llama, y qué pena joder,
que me deja,
que me deja
y lo sabe
y se enciende pero muere.
Y muere, qué pena
y qué bonita su rebeldía..."

ShZ.

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